
“Detente, ya no te alejes, ahora tu alma me pertenece.”
La tarde muere poco a poco dejando solo rastros de lo que ha acontecido en las sabanas de aquella cama, no ha habido testigos solo sollozos que se pierden entre la muchedumbre que transita por las rojas calles entintadas por la muerte de la tarde y el nacimiento de la noche. Es la gente, tan indiferente que como siempre, a pesar del llanto que se escucha de fondo esta se comienza a refugiar en sus casas para pasar otra lóbrega noche, dejando al descubierto el lugar de donde provienen los sollozos.
Inés se encuentra desnuda, cubierta solo por la amarillenta sabana de la cama de latón sus cabellos alborotados junto con su expresión lastimosa son el principal cuadro que se observa en la habitación.
-Quédate por favor, quédate conmigo, solo por hoy, solo por esta noche. Dice sollozando mientras se limpia los mocos del rostro.
-No, ya te dije que me he cansado de ti zorra inmunda. El le mira de reojo mientras se abotona el negro abrigo de terciopelo.
-Además, ya no eres necesaria, entiéndelo ya no te deseo solo fuiste una pasión pasajera, una necesidad física.
-Pero Braulio entiéndelo yo te amo, no sabes lo mucho que te necesito tu eres parte de mi, por favor no me dejes no me hagas esto. Se ha aferrado a la manga de su abrigo suplicante mirándolo con aquellos ojos enigmáticos
-Calla mujer y quítate de encima, me llenas el abrigo de mocos. Que acaso crees que me será fácil olvidarme de ti y de aquella primera vez que te vi., tan bella, correcta, audaz e inteligente la dama perfecta. Pero me equivoque, me equivoque al pensar lo mejor de ti cuando solo eres un desecho del infierno, no sabes como me arrepiento de haberte conocido, de haberte mirado, de tocarte y sobre todo de revolcarme contigo. Le ha abofeteado para quitársela de encima, su mirada esta perdida entre las tinieblas de la habitación iluminada apenas por una débil vela que amenaza con huir en cualquier momento. Inés esta atónita ante la reacción de Braulio ha dejado de llorar y ahora solo se dirige hacia el.
-No digas ya mas, no sigas porque a pesar de tus crudas palabras siempre te seguiré amando. Puedes irte pero solo déjame darte un último beso, uno y nada mas, déjame saborear tus dulces labios y sentir una vez más el placer que me otorgaron antes. Ha tomado el delgado tubo de labial de la mesilla de noche dejando ver el delicado y oscuro color carmín en sus finos labios con movimientos rápidos y gráciles.
-Anda pues, bésame te concedo tu deseo pero entiéndelo bien, ya no me buscaras, ya no pensaras mas en mi y dejaras de desearme porque tendrás que entender que yo nuca te ame. Inés ya no le presta atención a las palabras de su amado ahora solo quiere besarle, su figura pálida y esbelta es ahora opacada por los labios carmín que se han aliado con las delicadas manos detrás de la nuca de Braulio, estas acercan peligrosamente su rostro hacia los sensuales labios que han comenzado a devorar de manera lenta a los otros, viscerales como son muerden y succionan.
-Argghhhh quítate perra sucia! Los labios carmín le han herido y su sangre difícilmente se diferencia de ellos; Braulio esta mareado, el cuerpo le pesa una tonelada y difícilmente puede mantenerse en pie, ha comenzado a vomitar y la debilidad y confusión se apoderan rápidamente de el.
-Que me has hecho maldita, que me has hecho. Ahora ella solo ríe, ríe de una manera desvergonzada. Braulio intenta ponerse de pie pero cae como un costal al piso.
-Detente, ya no te alejes. Ahora tú me perteneces querido y es que si no eres mió no serás de nadie bastardo infeliz. Te atreviste a hacerme daño y a llamarme desecho infernal y eso ha nadie he perdonado y que si lo soy te ofrecí la oportunidad de vivir eternamente y con esto me pagas. Sufre, sufre imbecil espero el cianuro de mi labial te haga sufrir tanto como tu a mi. Se aleja de la habitación satisfecha, ya ha cumplido su misión. El cadáver de Braulio yace inmóvil en el piso de la habitación, el beso, el beso de esos labios carmín que un día le dieron tanto placer y le ofrecieron la vida eterna hoy se la quitan.
Así es mi querida princesa, el amor y la ingratitud suelen ser fieles aliados que destruyen la frágil vida. Braulio murió por ser ingrato con Inés, murió a manos de un acesino carmín.
Una pena mas, pero dime que habría sido de nosotras si su corazón no hubiese dejado de palpitar. ¿Estarías aun maldita? ¿Seguirías viendo?, yo no lo se pero te confesare que aun me duele su partida.
La tarde muere poco a poco dejando solo rastros de lo que ha acontecido en las sabanas de aquella cama, no ha habido testigos solo sollozos que se pierden entre la muchedumbre que transita por las rojas calles entintadas por la muerte de la tarde y el nacimiento de la noche. Es la gente, tan indiferente que como siempre, a pesar del llanto que se escucha de fondo esta se comienza a refugiar en sus casas para pasar otra lóbrega noche, dejando al descubierto el lugar de donde provienen los sollozos.
Inés se encuentra desnuda, cubierta solo por la amarillenta sabana de la cama de latón sus cabellos alborotados junto con su expresión lastimosa son el principal cuadro que se observa en la habitación.
-Quédate por favor, quédate conmigo, solo por hoy, solo por esta noche. Dice sollozando mientras se limpia los mocos del rostro.
-No, ya te dije que me he cansado de ti zorra inmunda. El le mira de reojo mientras se abotona el negro abrigo de terciopelo.
-Además, ya no eres necesaria, entiéndelo ya no te deseo solo fuiste una pasión pasajera, una necesidad física.
-Pero Braulio entiéndelo yo te amo, no sabes lo mucho que te necesito tu eres parte de mi, por favor no me dejes no me hagas esto. Se ha aferrado a la manga de su abrigo suplicante mirándolo con aquellos ojos enigmáticos
-Calla mujer y quítate de encima, me llenas el abrigo de mocos. Que acaso crees que me será fácil olvidarme de ti y de aquella primera vez que te vi., tan bella, correcta, audaz e inteligente la dama perfecta. Pero me equivoque, me equivoque al pensar lo mejor de ti cuando solo eres un desecho del infierno, no sabes como me arrepiento de haberte conocido, de haberte mirado, de tocarte y sobre todo de revolcarme contigo. Le ha abofeteado para quitársela de encima, su mirada esta perdida entre las tinieblas de la habitación iluminada apenas por una débil vela que amenaza con huir en cualquier momento. Inés esta atónita ante la reacción de Braulio ha dejado de llorar y ahora solo se dirige hacia el.
-No digas ya mas, no sigas porque a pesar de tus crudas palabras siempre te seguiré amando. Puedes irte pero solo déjame darte un último beso, uno y nada mas, déjame saborear tus dulces labios y sentir una vez más el placer que me otorgaron antes. Ha tomado el delgado tubo de labial de la mesilla de noche dejando ver el delicado y oscuro color carmín en sus finos labios con movimientos rápidos y gráciles.
-Anda pues, bésame te concedo tu deseo pero entiéndelo bien, ya no me buscaras, ya no pensaras mas en mi y dejaras de desearme porque tendrás que entender que yo nuca te ame. Inés ya no le presta atención a las palabras de su amado ahora solo quiere besarle, su figura pálida y esbelta es ahora opacada por los labios carmín que se han aliado con las delicadas manos detrás de la nuca de Braulio, estas acercan peligrosamente su rostro hacia los sensuales labios que han comenzado a devorar de manera lenta a los otros, viscerales como son muerden y succionan.
-Argghhhh quítate perra sucia! Los labios carmín le han herido y su sangre difícilmente se diferencia de ellos; Braulio esta mareado, el cuerpo le pesa una tonelada y difícilmente puede mantenerse en pie, ha comenzado a vomitar y la debilidad y confusión se apoderan rápidamente de el.
-Que me has hecho maldita, que me has hecho. Ahora ella solo ríe, ríe de una manera desvergonzada. Braulio intenta ponerse de pie pero cae como un costal al piso.
-Detente, ya no te alejes. Ahora tú me perteneces querido y es que si no eres mió no serás de nadie bastardo infeliz. Te atreviste a hacerme daño y a llamarme desecho infernal y eso ha nadie he perdonado y que si lo soy te ofrecí la oportunidad de vivir eternamente y con esto me pagas. Sufre, sufre imbecil espero el cianuro de mi labial te haga sufrir tanto como tu a mi. Se aleja de la habitación satisfecha, ya ha cumplido su misión. El cadáver de Braulio yace inmóvil en el piso de la habitación, el beso, el beso de esos labios carmín que un día le dieron tanto placer y le ofrecieron la vida eterna hoy se la quitan.
Así es mi querida princesa, el amor y la ingratitud suelen ser fieles aliados que destruyen la frágil vida. Braulio murió por ser ingrato con Inés, murió a manos de un acesino carmín.
Una pena mas, pero dime que habría sido de nosotras si su corazón no hubiese dejado de palpitar. ¿Estarías aun maldita? ¿Seguirías viendo?, yo no lo se pero te confesare que aun me duele su partida.

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